Hoy, y durante los días de la Semana
Santa, vemos a Jesús Nazareno en toda su flaqueza humana, tanto como la
nuestra, excepto en el pecado.
Pero, también le vemos en su
determinación de amor y en su valor para cumplir la misión para la que había
venido a este mundo.
Vemos a Jesús en su triunfo: primero en
un triunfo muy provisional y frágil cuando la muchedumbre le aclama como
Mesías, pero que pocos días más tarde se vuelve contra él.
Al alba del domingo de Pascua, veremos a
Jesús Nazareno en el triunfo definitivo de su resurrección.
Veremos cómo él estaba con nosotros en
las profundidades de la angustia y la soledad.
Todos los que cultivan plantas, incluso
gente de la ciudad que ama las flores, saben que las semillas tienen que morir
en la tierra para que los retoños puedan brotar de ellas y darnos flores llenas
de color.
La semilla tiene que morir para dar
vida.
De la misma manera, Jesús murió para
darnos vida.
Y nosotros, sus discípulos hoy, tenemos
que seguir sus huellas.
Tenemos que entregarnos a nosotros
mismos para que los otros sean felices y vivan.
San Pablo dice con Jesús: "Nadie
vive para sí mismo".
¿Podemos decir eso de nosotros mismos?
Como
un Grano de Trigo
No es de ningún modo razonable buscar
dolor y sufrimiento, sin embargo, sabemos que en la vida hay ciertos
sufrimientos que tenemos que aceptar en línea con nuestras tareas -una mujer
tiene que pasar por los dolores de parto para traer un niño al mundo, los
padres tienen que sacrificarse por sus hijos, las enfermeras tienen que
dedicarse a aliviar las penas de los enfermos.
Sí, la semilla tiene que morir en el
surco para dar vida a una nueva planta.
En la proximidad de la Semana Santa, Hoy
Jesús nos invita a seguirle aceptando el dolor y los esfuerzos necesarios para
llevar a cabo nuestra misión en la vida.
Si un cristiano asiste a misa los
domingos, pero el resto de la semana no se preocupa para nada de Jesús, engaña
en sus negocios, miente, no muestra amor, entonces la religión de este
cristiano no es genuina.
Nuestro Señor nos dice hoy que la
religión auténtica, el adorar en espíritu y en verdad, unifica nuestras vidas
de tal manera que no debe haber una parte reservada para Dios y otra parte sólo
para nosotros:
Dios debe estar presente en todo lo que
hacemos, Jesús el Cristo es nuestro compañero en toda nuestra vida.
Pidamos a Jesús, presente con nosotros,
que inspire todo lo que hacemos y que camine siempre con nosotros a través de
nuestra vida.
Cuando estamos sufriendo, nos produce
felicidad oír una palabra de preocupación y de ánimo.
Es una experiencia feliz cuando, en
medio de nuestras cuestiones y problemas, nos llega un rayo de luz que levanta
nuestro ánimo y nos asegura que Jesús viene con nosotros en nuestro fatigoso
caminar.
Nos resulta reconfortante, durante el
tiempo de Cuaresma, el hecho de que Jesús mismo, en el misterio de la
Transfiguración, nos dé una visión fugaz anticipada de su victoria en Pascua.
Todo eso es maravilloso y queremos que
dure, pero como Pedro y con Jesús tenemos que volver a las realidades de la
vida.
Nos hace bien recordar que Jesús está
siempre, con nosotros, aun cuando no estemos conscientes de ello.
Arrepiéntanse
y Crean en la Buena Noticia de Salvación
Al comenzar la Cuaresma, el mensaje
urgente que se nos dirige hoy es:
"¡Arrepiéntanse! ¡Cambien el corazón,
conviértanse!"
Pero, ¿a quién le gusta cambiar sus
hábitos y costumbres, su mentalidad, su estilo de vida?
Preferiríamos quedarnos solos e ir a
nuestro aire por los viejos caminos.
Hasta Jesús mismo fue impulsado por el
Espíritu -sí, por el Espíritu- al desierto, para allí ser tentado, para
percibir con ojos claros su propia identidad, cuál era su tarea y cómo la gente
y los acontecimientos tratarían de desviarlo de su misión.
Pero Jesús fue más fuerte que la
tentación y que el pecado.
Que el Espíritu de Jesús nos convierta a
nosotros, para que logremos ser aquello para lo que hemos sido llamados,
y para que hagamos lo que tenemos que
hacer como cristianos.
Que Jesús nos ayude a superar nuestras
tentaciones y nos haga más fuertes que el pecado.