Soleado y hermoso día para el paseo de Comunidad realizado este sábado 10 de febrero. Todos agradecidos por la acogida de la familia Álvarez - García que pidió la bendición de la hermosa casa que han levantado para recreo familiar y de los amigos.
Felicitaciones a los encargados de asar los corderos que madrugaron para responder al desafío.
Hoy se nos recuerda una vez más que hace
mucho tiempo el mismísimo Hijo de Dios gritó su ansiedad y su dolor: "Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"
Sabemos que el Señor nos ha hecho para
ser felices, y, sin embargo, nosotros también tenemos cruces que llevar.
No siempre vemos la razón de nuestra
miseria y nuestro sufrimiento.
Vemos también cómo Jesús curaba a
algunos enfermos, pero ¿qué eran éstos en medio de tantos otros no curados?
Recordamos que la cruz llevó a Jesús a
la vida y a la resurrección.
Nosotros expresamos hoy nuestra
confianza y esperanza en un Salvador que sufrió con nosotros y por nosotros.
Los enfermos sienten muy profundamente
cómo la enfermedad los incapacita.
Hay cosas que los enfermos quieren
hacer, pero no pueden; es como si no fueran cabalmente humanos.
Percibimos esto con mayor fuerza en las
personas mentalmente discapacitadas.
Hoy vemos a Jesús obrando con su poder
de curación.
No es que Jesús cure a todos los
enfermos, pero muestra que Dios quiere que las personas sean íntegras y
sanas -eso es lo que significa
"curar"-.
Jesús quiere que lleguemos a ser como
él, es decir, personas plenamente humanas, buenas e íntegras, no sólo
físicamente, sino en todos los sentidos, porque es entonces cuando honramos
plenamente a Dios, hechos a su imagen y semejanza.
Pidamos a Jesús este domingo que nos
haga íntegros y sanos.
La celebración de Epifanía, que
significa “manifestación”, es para
nosotros como una segunda Navidad.
Es en realidad, la Navidad de las
Iglesias Orientales.
Esta fiesta proclama que Jesús Niño
pertenece y se entrega al mundo entero como su Salvador.
Con los Magos, el mundo entero trae a
Jesús su variedad de dones: sus
culturas, sus muchas peculiaridades, sus diferentes identidades.
Y nosotros aquí y ahora, al igual que
las gentes de otras naciones, le traemos el don de nosotros mismos: nuestra fe,
nuestro propósito de fidelidad, nuestro amor, al encontrarnos con él en la
oración y en los hermanos, especialmente en los más pobres.